El estilo es una construcción de vida, no una moda.
- clospg
- 31 mar
- 5 min de lectura
Actualizado: 20 may
La Bitácora
- J C P -
E S T I L O · N Ú M E R O 0 0 1
El estilo es una construcción de vida, no una moda
De los Croydon rojos a los zapatos mandarina. La historia de un hombre que aprendió a vestirse desde adentro hacia afuera.
Este es un artículo menos informativo como tal, más personal por si te pica la curiosidad de conocer a Juan Carlos un poco más a fondo, este tema de la ropa y el estilo como has visto es una parte muy importante de esta bitácora. Aquí si me regalas 5 minutos de tu tiempo, te cuento un poco más.

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Mi papá nunca tuvo el estilo convencional... y se nota. Lo que sí tenía desde niño era algo más valioso que el gusto: tenía seguridad. La abuela, su mamá nunca lo ridiculizó. Nunca lo hizo sentir mal por sus elecciones. Cuando compraba una camisa de colores disruptivos, ella lo acompañaba. Cuando quería unos tenis Croydon rojos con blanco cuando todo el mundo usaba los Stan Smith, ella no lo frenaba.
"Mijo, si usted se siente bien, pues póngase lo que es lo que a usted le gusta."
Esa frase, dicha en algún almacén de Bogotá a un niño de ocho o nueve años, es probablemente la semilla de todo lo que vino después.
"Si usted se siente bien, de malas los demás." — La Abuela Nydito.
Hay una anécdota que resume ese período mejor que cualquier análisis. Por prescripción médica, Juan Carlos tuvo que usar botas ortopédicas durante años. Las botas ortopédicas normales eran — en sus propias palabras — "como de Herman Monster." Pero como se mandaban a hacer a medida, él podía escoger el cuero.
Y ahí apareció algo. Una chispa.
Las primeras botas fueron café o negro, como le decía la abuela. Pero después, Juan Carlos empezó a escoger él. Mandó a hacer unas en un cuero azul casi morado, con textura de jean. Luego unas café con leche que le parecían espectaculares. Colores que nadie más usaría. Colores que hoy, diría él, "están hasta de moda."
El niño que se ponía lo que le dijeran había descubierto algo: cuando le daban la opción de escoger, escogía distinto. Siempre distinto.
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La universidad fue el primer espejo real.
Entrar a los Andes a los 16 años — el menor de su promoción leeejos — significó encontrarse con gente de otro nivel económico, otras edades y otra forma de vestir. Zapatos importados. Pana elegante. Una variedad que él no había visto antes. Y también su primer diagnóstico honesto: "ya no me veía mal, pero todavía me faltaba."
Fue ahí cuando empezó a observar. A copiar modelos, sí, pero sin perder su alma. El jean Levi's reemplazó lo que usaba antes. Los zapatos llegaron donde antes iban los tenis. Descubrió que le encantaba ver a la gente con zapatos — no tenis — y empezó a ir él también de zapatos. "Me encantaban unos que iban de jean con zapato negro o mocasines."
Y cuando empezó a ganar dinero vendiendo — porque Juan Carlos empezó a vender desde la universidad, y le fue bien (un tema para otro día) — llegó el momento que cambiaría su relación con la ropa para siempre: San Andresito.
En San Andresito, entre los puestos de ropa importada de contrabando y los talleres de confección, Juan Carlos encontró un conjunto en pana. Chaqueta corta tipo jean, pantalón de prenses. Un color que el vendedor llamó "palo de rosa" — algo entre guayabo y rosado, en pana gruesa.
Su mamá lo miró. "Mijo, ¿seguro?"
Él ya lo sabía: "Yo me lo compro."
Esta es una historia que todavía causa chistes en las reuniones familiares, porque realmente era particular, sitúate también en el contexto de la época para que sea aún más chistoso. Yo honestamente admiro mucho a la abuela por tener esa visión, porque hoy todo lo que escuchamos en la cabeza es "qué dirían de esto".

Hay un tipo de hombre que necesita que el mundo le confirme que se ve bien antes de arriesgarse. Y hay otro tipo que se pone lo que le gusta y deja que el mundo se acostumbre. Y ese es mi papá.
Papá entró a trabajar, los años en Philips fueron otra escuela. Las multinacionales tienen su uniforme no escrito: azul oscuro, gris, café. Todo contenido, todo predecible. Pero Juan Carlos llegaba con sus "pintas raras" — como él las llama — desde vendedor. No para llamar la atención. Sino porque genuinamente no quería vestirse igual que todos.
Fue mi mamá alias Lulú quien lo empujó un poco más lejos. "No Critico, pero cómprate un blazer con tal…" Le habló del bocadillo — una chaqueta de un color sobre combinaciones inesperadas. Lo animó a arriesgarse más yendo al trabajo. Y él lo hizo. Y cuando ya tenía posición, cuando ya proyectaba seguridad, la gente decía: "No, pero a usted se le ve bien porque es Juan Carlos."
Él siempre responde lo mismo: "Pero claro que pueden. Solo que no se les ocurre."
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Hoy, a los 60 años, Juan Carlos tiene un buen sastre. Tiene recursos. Tiene décadas de criterio acumulado. Y sigue usando pantalones anchos en paño cuando todo el mundo los usa pegados. Sigue poniendo las costuras por fuera. Sigue combinando cosas que a nadie se le ocurren. Personalizando cada prenda para darle su toque con cosas pequeñas que todos podemos hacer como cambiar la correa del reloj, el cordón al zapato o los botones al chaleco.
Pero lo que más llama la atención no es la pinta, es la filosofía detrás. Hay una frase suya que lo resume todo, dicha casi de pasada al final de una conversación larga:
"Hoy creo que el estilo es una construcción de vida. No una moda." — JUAN CARLOS PRIETO
Una construcción. No un accidente, no una herencia, no un presupuesto. Una construcción implica tiempo, decisiones, errores, correcciones. Implica que el niño de los Croydon rojos y el hombre del sastre a medida son el mismo, solo que uno tiene más capas encima. Esto lo decide cada día uno cuando se para frente al closet y escoge lo que se quiere poner y qué quiere proyectar. Debo confesarles que yo peco porque siempre me voy por los tennis y la sudadera más cómoda, pero desde que empecé a escribir este blog, me ha cambiado el chip y eso se nota, en cómo te sientes en el día (lo juro).
Espero que este blog, esta historia, cree esa motivación y semillita en tí para ser creativo, para no limitarte por tu tipo de trabajo, por tu presupuesto, por lo que digan los demás.
El estilo de JCP no es lo que usa. Es el cómo llegó a usarlo. La seguridad que su mamá sembró. Los colores raros que eligió cuando nadie lo obligaba a elegir. La lonchera que siguió llevando al bachillerato cuando todos compraban en la cafetería. El conjunto en pana palo de rosa que compró aunque nadie más lo hubiera comprado.
La moda pasa. El carácter, no señores futuros caballeros.


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