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¿Por qué existe esta bitácora?

  • Foto del escritor: clospg
    clospg
  • 31 mar
  • 7 min de lectura

Actualizado: 20 may

La Bitácora
-    J C P -

E D I T O R I A L · N Ú M E R O 0 0 0

JCP + Sofía
JCP + Sofía

Para mí, Sofía, mi papá es muchas cosas.


Es un sibarita en el mejor sentido de la palabra. Es un hombre elegante, curioso, conversador, disciplinado y profundamente humano.


Pero sobre todo, es alguien que siempre ha vivido con una intención clara: disfrutar la vida sin perder el carácter.


Crecí viéndolo hacer cosas que hoy entiendo mejor. Verlo vestirse con cuidado incluso para ir a un plan sencillo. Escucharlo hablar durante horas alrededor de una mesa, disfrutando una conversación. Observar cómo encontraba placer en una buena comida, en un reloj con historia o en una camisa bien combinada.


Pero con los años también descubrí algo más profundo.


Detrás de ese estilo y de ese gusto por vivir bien, hay una filosofía de vida muy clara. Mi papá siempre ha creído que vivir bien no es un lujo. Es una decisión.


La decisión de presentarse al mundo con intención. La decisión de disfrutar con gratitud. Y la decisión de dar a los demás lo mejor de uno mismo.



Por qué decidí guardar estas conversaciones


A lo largo de la vida he visto cómo muchas personas se sienten inspiradas por él. Amigos, compañeros, familiares e incluso personas que recién lo conocen poco terminan teniendo conversaciones largas con él y saliendo con alguna reflexión nueva.


Y durante mucho tiempo pensé que esas conversaciones se quedaban solo ahí, en el momento.

Hasta que un día entendí que valía la pena guardarlas.


Este blog es, en el fondo, una bitácora. Un registro de conversaciones sobre estilo, relojes, negocios, viajes, buena mesa y las pequeñas cosas que hacen que la vida sea disfrutable.

Pero también sobre temas más profundos: carácter, autenticidad, decisiones difíciles y lo que significa ser hombre hoy.


Algunas de estas historias están escritas por él. Otras, por quienes hemos aprendido algo al verlo vivir.


Porque si algo he entendido de mi papá es que convertirse en un caballero no es un título que uno se pone. Es un proceso que dura toda la vida. Y esta bitácora es una forma de compartir ese recorrido.



Ojo a la chaqueta de cuero verde y las gafas muy estilo 90´s.
Ojo a la chaqueta de cuero verde y las gafas muy estilo 90´s.
Y aquí ojo a los accesorios, quién dijo que un señor de 60 no podía rockear un arete y anillo.
Y aquí ojo a los accesorios, quién dijo que un señor de 60 no podía rockear un arete y anillo.


Lo que vas a encontrar aquí — y por qué cada categoría existe


Cada sección de esta Bitácora nació de algo que vi, viví o aprendí al lado de mi papá. No son categorías inventadas para un blog. Son las dimensiones reales de cómo él vive.


La buena mesa — el arte de hacer de lo cotidiano un rito


Mi papá no va a un buen restaurante por el nombre. Va por el disfrute de sentarse, de tomar tiempo, de degustar cada plato con atención. Y una de sus cosas favoritas es pedir al centro — que todo llegue a la mesa y que todos prueben todo — porque para él la experiencia gastronómica no es individual. Es compartida.

Pero la buena mesa no empieza en el restaurante. Empieza en casa.


En mi casa, poner la mesa era mi tarea porque yo no cocinaba mucho. Y me molestaba muchísimo, había que poner el mantel, los portavasos, las servilletas, los cubiertos en orden, los platos correctos, los vasos correctos, el centro de mesa. Todo. Para mi papá era la felicidad de que la gente llegara y encontrara algo lindo. Para mí, de niña, era demasiado trabajo.


Hoy soy exactamente igual que él. Porque entendí el valor. Entendí que no se trata de hacer algo diferente a lo que hacen todos, se trata de hacerlo con pequeños detalles que lo vuelven un rito, que lo romantizan, que convierten una cena ordinaria en un momento para recordar. Eso siempre fue la pasión de mi papá: que la gente se fuera sintiéndose bien, habiéndolo disfrutado de verdad.




El vino, el whisky — los rituales del disfrute consciente


Mi papá tiene todo en la casa para los rituales. Las copas correctas para cada vino. Los vasos correctos para el whisky. El set completo para airear — el decantador, los artefactos, el proceso. Y cuando te enseña a tomar un buen whisky, no te dice simplemente 'échale unas gotas de agua.' Te explica por qué. Qué hace el agua con el alcohol, qué notas libera, cómo cambia lo que estás tomando.

Con el vino es igual. Sabe airearlo, identificar las notas, maridarlo. Pero más que el conocimiento técnico, lo que transmite es una actitud: que todo lo que vale la pena merece atención. Que tomarse el tiempo de hacer las cosas bien no es pretensión — es respeto por la experiencia.


La música — aprender a escuchar de verdad


Desde pequeñas, mi papá nos entrenaba en la música. No solo en escucharla — en entenderla. Nos preguntaba quién era el artista, cuál era el año, a veces nos retaba a identificar los bajos de una canción o la voz de un tenor. Pavarotti sonaba en la casa con la misma naturalidad que el jazz o la salsa.

Y lo más hermoso era cuando nos pedía que escucháramos la letra. De verdad. Para entender qué estaba diciendo, qué historia contaba, qué emoción había detrás. Esa práctica — escuchar con atención, no solo oír — es una de las cosas que más me ha servido en la vida. Y venía de la música.


El estilo y los relojes — la forma como expresión del fondo


Mi papá siempre creyó que la forma en que uno se presenta al mundo dice algo de quién es. No como pose — como consecuencia natural de tener criterio y cuidar los detalles. Verlo vestirse con intención, incluso para un plan sencillo, me enseñó que el estilo no es vanidad. Es respeto por uno mismo y por quienes te rodean.

Los relojes son el capítulo más fascinante de esa historia. Cada uno tiene su origen, su momento, su significado. Y la forma en que los cuida, los usa y los comparte dice todo sobre cómo se relaciona con los objetos que ama: no los colecciona para tenerlos — los colecciona para disfrutarlos y para que otros los conozcan.


Lo que aprendí de él sobre negocios y liderazgo


Como gerente en una multinacional, mi papá siempre ha sido mi consejero número uno en el mundo profesional. Y lo que me ha enseñado no viene de un libro de management — viene de décadas de experiencia real, construida desde abajo.

Porque aquí cualquiera podría decir que es fácil hablar desde una posición cómoda. Pero mi papá empezó como un vendedor que iba en bus. Y se lo disfrutaba tanto — le gustaba tanto ir a vender, conocer personas, ir a cenas, construir relaciones — que eso mismo le permitió crecer y subir. No a pesar de disfrutarlo. Gracias a eso.


"Todo al final es una venta. Te vendes internamente y externamente en tu lugar de trabajo. La pregunta es: ¿qué estás vendiendo y cómo lo estás haciendo?" — JCP.


Me enseñó el más-menos-más para dar retroalimentación: empezar con algo positivo, decir lo que hay que mejorar, cerrar con algo positivo. Me enseñó la importancia de vestirse para el cargo al que uno quiere aplicar, no para el que ya tiene. Y me enseñó algo que repite siempre y que suena simple pero que muy poca gente practica de verdad:


"Tenemos dos orejas y una boca. Entiende a las personas, lo que necesitan. Y ahí sí puedes hablar — pero con mucho más contexto e información.

 — JUAN CARLOS PRIETO


Aprender a escuchar. De verdad. Sin preparar la respuesta mientras el otro habla. Sin interrumpir. Solo entender. Esa habilidad, que mi papá practica con una naturalidad que parece innata, es una de las razones por las que la gente confía en él y quiere hacer negocios con él.


La espiritualidad — creer en algo más grande


Hay una dimensión de mi papá que pocas personas conocen y que para mí es una de las más importantes: su espiritualidad.

No en un sentido religioso dogmático. En su casa puedes encontrar libros de todas las religiones, de todas las filosofías. Lo que importa no es la etiqueta — es la práctica. Y su práctica se puede resumir en tres cosas que repite desde que tengo memoria: hablar bien, hacer el bien y pensar bien.

Cree profundamente en que somos parte de algo más grande que nosotros. En que los pensamientos tienen peso, que lo que decretas a diario moldea lo que vives. Hace ejercicios de manifestación — no como moda reciente, sino como práctica de toda la vida. La historia de sus recortes de relojes es el mejor ejemplo: visualizó durante años lo que quería tener, y la vida fue acercándoselo.


Para mi papá, la fe no es religiosa. Es práctica. Es la convicción de que lo que piensas, lo que dices y lo que haces en los días ordinarios construye la vida extraordinaria que quieres tener.


Eso me lo enseñó sin dármelo como lección. Me lo enseñó siendo así. Y es una de las cosas que más cargo conmigo.


Por qué quiero compartir todo esto


Como lo verán, soy fan de mi papá. Pero, ¿cómo no serlo?

Y quiero compartir con todos ustedes todo este conocimiento para que crezca esa semillita. Para que existan más caballeros en este mundo — porque la verdad es que los necesitamos.

No caballeros en el sentido antiguo de la palabra. Caballeros contemporáneos: hombres que disfrutan bien, que tratan bien a las personas, que se presentan al mundo con intención y que entienden que vivir con carácter no es una limitación. Es una elección que hace todo mejor.

"Hoy creo que el estilo es una construcción de vida. No una moda." Convertirse en un caballero no es un título que uno se pone. Es un proceso que dura toda la vida. Y esta bitácora es una forma de compartir ese recorrido.

Bienvenidos a La Bitácora JCP.



E S C R I T O P O R

Sofía Prieto

E D I T O R A N A R R A T I V A - L A B I T Á C O R A J C P

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