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Cómo aprendí a elegir mi primer reloj fino, e la vitrina al criterio.

  • Foto del escritor: clospg
    clospg
  • 31 mar
  • 8 min de lectura

Actualizado: 20 may

Cómo elegir tu primer reloj mecánico sin equivocarte. Raymond Weil, Rolex GMT y Speedmaster: los relojes que me enseñaron a ver diferente. Lo que nadie te dice cuando empiezas en relojería.


La Bitácora
-    J C P -


Lo que uno debe saber ver antes de comprar el primer reloj:


Mi primera aproximación al mundo de la relojería no vino de una compra, sino de una vitrina. De esas que uno mira de paso, sin detenerse demasiado, viendo objetos que parecen lejanos, casi ajenos. En ese momento, un reloj era simplemente eso: un objeto bien hecho que daba la hora.

Esa percepción cambió con el tiempo, en gran parte gracias a la influencia de Juan Carlos y a la posibilidad de conocer de cerca su colección. No fue un cambio inmediato, sino progresivo, construido a partir de conversaciones y de una exposición constante a piezas que iban mucho más allá de lo estético. A través de ese proceso, la relojería dejó de ser una curiosidad superficial y empezó a entenderse como un equilibrio entre técnica, historia y diseño.

"La relojería dejó de ser una curiosidad superficial y empezó a entenderse como un equilibrio entre técnica, historia y diseño.

— Santiago O.


Las piezas que construyeron el criterio

Algunas piezas marcaron especialmente ese punto de inflexión. Cada una aportó una perspectiva diferente, contribuyendo a la construcción de un criterio que antes simplemente no existía.


El Rolex GMT-Master II "Pepsi" — funcionalidad que se convirtió en ícono

El GMT-Master II dejó de ser únicamente un diseño icónico para entenderse como una herramienta funcional con una fuerte relación con la aviación.

El Rolex GMT-Master fue desarrollado en 1954 en colaboración con Pan American World Airways, que necesitaba un reloj que permitiera a sus pilotos leer simultáneamente dos zonas horarias durante los vuelos transatlánticos. La referencia "Pepsi" — el apodo que recibió por su bisel azul y rojo que recuerda los colores de la marca de refrescos — fue una de las primeras variantes y hoy es una de las más codiciadas del mercado vintage. Su cuarta aguja, que completa una vuelta en 24 horas, permite leer una segunda zona horaria de manera independiente. Lo que comenzó como equipo de trabajo para pilotos se convirtió, con el tiempo, en uno de los relojes más reconocibles y deseados del mundo.




El Jaeger-LeCoultre con calendario perpetuo — la complejidad detrás de la sobriedad


Un Jaeger-LeCoultre con calendario perpetuo evidenciaba el nivel de complejidad que puede existir detrás de una esfera aparentemente sobria.

El calendario perpetuo es una de las complicaciones más difíciles de ejecutar en relojería mecánica. Un reloj con esta función sabe cuántos días tiene cada mes — incluyendo los años bisiestos — y ajusta la fecha automáticamente sin necesidad de corrección manual hasta el año 2100. Para lograrlo, el movimiento contiene un sistema de levas y palancas que reproduce el calendario gregoriano en miniatura. Jaeger-LeCoultre, fundada en 1833 en el Valle de Joux suizo, es una de las pocas manufacturas del mundo que diseña y fabrica sus propios movimientos con este nivel de complejidad internamente. Sus calendarios perpetuos son considerados entre los más precisos y mejor ejecutados de la industria.





El Reverso — cuando la funcionalidad se convierte en diseño

El Reverso mostraba cómo la funcionalidad puede convertirse en un elemento de diseño atemporal.


El Jaeger-LeCoultre Reverso nació en 1931 por una razón práctica y elegante: los oficiales británicos del ejército en la India jugaban polo y necesitaban proteger el cristal de sus relojes durante los partidos. La solución fue una caja que gira sobre sí misma, exponiendo la parte trasera metálica cuando se invierte. Lo que comenzó como ingeniería de campo se convirtió en uno de los diseños más icónicos de la historia del reloj — la caja rectangular art déco, el mecanismo de giro, la posibilidad de grabar la parte trasera con iniciales o motivos personales. Más de noventa años después, el Reverso sigue siendo producido en variantes que van desde el más simple hasta el doble cara con dos movimientos independientes.




El reloj con fragmentos del Titanic — cuando el valor es historia pura

Piezas menos convencionales también formaban parte de esa educación: un reloj construido con fragmentos del Titanic, donde el valor está en su carga histórica.

Existen varias manufacturas y casas especializadas que han producido relojes incorporando materiales recuperados del RMS Titanic — trozos de carbón, madera del casco, fragmentos del acero original extraídos del fondo del Atlántico Norte a través de expediciones autorizadas. Estas piezas son ejemplos extremos de relojería como objeto de memoria: su valor técnico puede ser modesto, pero su carga histórica es inconmensurable. El Titanic se hundió el 15 de abril de 1912. Tener un fragmento de ese naufragio en la muñeca es llevar consigo un pedazo literal de una de las historias más grandes del siglo XX.






El Zenith en fibra de carbono — la relojería mirando hacia adelante

Un Zenith en fibra de carbono que proyecta la relojería hacia materiales y enfoques contemporáneos.

Zenith, fundada en 1865 en Le Locle, Suiza, es una de las pocas manufacturas que fabrica sus movimientos completamente in-house — incluyendo su calibre El Primero, lanzado en 1969, que fue el primer cronógrafo automático de alta frecuencia del mundo. Sus versiones en fibra de carbono — especialmente la línea Defy — representan la apuesta de la manufactura por materiales del siglo XXI: más ligeros que el acero, más resistentes a los golpes y con una estética que dialoga con el diseño contemporáneo sin renunciar a la ingeniería tradicional. La fibra de carbono en relojería no es un gimmick — es una respuesta a la pregunta de qué hace un artesano centenario cuando decide mirar hacia adelante.





El Franck Muller Crazy Hours — repensar el tiempo mismo

Y el Franck Muller Crazy Hours, que propone una lectura del tiempo completamente distinta.


El Franck Muller Crazy Hours es uno de los ejercicios conceptuales más audaces de la relojería moderna. En lugar de colocar las horas en orden secuencial alrededor del dial, las distribuye de manera aparentemente aleatoria — el 12 no está arriba, el 6 no está abajo. Las agujas saltan de posición en posición, pero el reloj indica la hora correcta en todo momento. El truco está en el movimiento: un mecanismo de salto instantáneo mueve la aguja horaria directamente al siguiente número, saltando las posiciones intermedias. El resultado es un reloj que funciona perfectamente pero que obliga al usuario a reaprender a leer el tiempo. Es filosofía aplicada a la mecánica: ¿y si el tiempo no tiene que leerse siempre de la misma manera?



Lo que JCP realmente enseñó: construir criterio propio


Más allá de las piezas, uno de los mayores aportes de Juan Carlos fue precisamente ese: ayudar a desarrollar criterio. Entender proporciones, movimientos y complicaciones, pero también comprender que el valor de un reloj no está definido exclusivamente por su marca o precio, sino por la conexión que genera y la coherencia de su diseño.


El valor de un reloj no está definido exclusivamente por su marca o precio, sino por la conexión que genera y la coherencia de su diseño.


Esa enseñanza trasciende la relojería. Es una manera de relacionarse con los objetos — y con las decisiones — que se aplica a casi cualquier cosa: la ropa, el vino, los libros, los viajes. No preguntar cuánto cuesta sino qué tiene para decir. No preguntar qué marca es sino por qué fue hecho así. Ese cambio de perspectiva es, en el fondo, lo que separa al consumidor del coleccionista.


La primera compra: cuando el aprendizaje se convierte en decisión


Cuando llegó el momento de realizar la primera compra, ese proceso de aprendizaje ya estaba consolidado. La decisión no fue impulsiva, sino informada. Juan Carlos tuvo un rol clave en esa etapa, orientando la selección, recomendando plataformas confiables como Jomashop y facilitando aspectos logísticos del proceso, incluyendo el uso de su casillero en Miami para el envío del reloj a Colombia.


Jomashop es uno de los retailers de relojes más reconocidos del mercado gris americano — venden relojes de marca a precios significativamente menores al precio oficial de boutique, generalmente entre un 20% y un 50% menos, dependiendo de la marca y el modelo. Operan desde Nueva York desde 1987 y tienen una reputación sólida en la comunidad relojera. La estrategia de usar un casillero en Miami — un servicio de dirección postal en Estados Unidos que reenvía paquetes a Latinoamérica — es una práctica común entre coleccionistas colombianos para acceder a precios y disponibilidad del mercado norteamericano.


El resultado fue la elección de un Raymond Weil Maestro con fase lunar, una pieza clásica y equilibrada que representaba adecuadamente ese primer paso dentro de la relojería mecánica.


Raymond Weil es una manufactura suiza independiente fundada en Ginebra en 1976 — una de las pocas que sigue siendo completamente familiar y sin afiliación a los grandes grupos de la industria como Swatch Group o Richemont. La línea Maestro representa su propuesta más clásica: diseño inspirado en la gran tradición relojera suiza, movimientos automáticos, y complicaciones como la fase lunar que añaden complejidad sin perder elegibilidad.




El Maestro con fase lunar en particular es un punto de entrada excepcional: una complicación poética — el disco que muestra las fases de la luna girada por un sistema de engranajes — a un precio que hace accesible la relojería mecánica seria para el primer comprador.


Más allá del objeto en sí, la compra reflejaba un proceso de análisis y acompañamiento que le dio mayor significado.

"La primera compra de un reloj fino trasciende el acto de adquirir un objeto. Representa el inicio de una relación más consciente con la relojería. Santiago.

Lo que pasa después: el reloj como lenguaje


A partir de ese momento, el reloj comenzó a generar conversaciones de manera natural. En el entorno cercano, surgió interés por parte de amigos que empezaron a consultar, comparar opciones y buscar recomendaciones. Esto llevó, de forma orgánica, a asumir un rol más activo en esas conversaciones, transmitiendo conocimientos que, en gran medida, fueron adquiridos a través de la guía de Juan Carlos.


En el ámbito profesional ocurre algo similar. Un reloj bien elegido no necesita imponerse para ser notado. Funciona como un elemento sutil que comunica atención al detalle, afinidad por lo bien hecho y coherencia en la forma de presentarse.


En determinados contextos, también puede tener una lectura socioeconómica, pero sobre todo actúa como un lenguaje compartido entre quienes reconocen su valor.




Un reloj bien elegido no necesita imponerse para ser notado. Funciona como un elemento sutil que comunica atención al detalle, afinidad por lo bien hecho y coherencia en la forma de presentarse.



El siguiente paso: el Speedmaster Moonwatch


Actualmente, ese primer reloj marca el inicio de un proceso que continúa evolucionando. El Speedmaster Moonwatch se proyecta como un siguiente paso natural, no solo por su relevancia histórica, sino como una continuación lógica de un camino que comenzó con la observación y que, gracias a una guía adecuada, se transformó en criterio.


El Omega Speedmaster Moonwatch Professional — referencia 310.30.42.50.01.001 en su versión actual — es el único reloj con certificación de vuelo de la NASA para misiones espaciales tripuladas. Fue seleccionado en 1965 tras superar pruebas extremas de temperatura (entre -18°C y +93°C), vibración, presión y humedad que ningún otro reloj pasó completamente. Desde la misión Apolo 1 hasta el día de hoy, ha estado presente en cada misión tripulada de la NASA. Su movimiento — el calibre 321 original, restaurado por Omega en 2020 — es el mismo que llegó a la luna en 1969. Para la comunidad relojera, el Speedmaster no es solo un buen reloj: es el reloj que validó que la relojería mecánica podía sobrevivir las condiciones más extremas que el ser humano ha enfrentado.




Lo que una guía adecuada cambia en todo


En ese sentido, la primera compra de un reloj fino trasciende el acto de adquirir un objeto. Representa el inicio de una relación más consciente con la relojería y, en este caso particular, refleja la importancia de haber contado con una referencia experta que permitió tomar decisiones informadas desde el principio.

No todos tienen la suerte de aprender de alguien que lleva décadas construyendo criterio en este mundo. Que no solo conoce los relojes, sino que entiende por qué cada uno existe, qué problema resolvió, qué momento de la historia acompañó y qué dice de quien lo lleva.

Ese tipo de guía no se consigue en internet. Se consigue en las conversaciones correctas, con las personas correctas, en el momento en que uno está listo para escuchar.


"Mi primer reloj no fue solo una compra. Fue el resultado de un proceso de aprendizaje que todavía continúa. Y ese proceso tiene un nombre: Juan Carlos Prieto." — Santiago



E S C R I T O P O R

Santiago Orjuela

I N V I T A D O E S P E C I A L - L A B I T Á C O R A J C P

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