Cómo vestir para una reunión de negocios (y por qué importa)
La Bitácora
- J C P -
R O P A Y N E G O C I O S · N Ú M E R O 0 0 2
Saber cómo vestir para una reunión de negocios ya no es seguir un dress code: el traje dejó de ser obligatorio y en una misma sala conviven la corbata y la camiseta.
Pero algo no ha cambiado.
La forma en que te presentas sigue siendo la primera señal de respeto hacia el otro, y la base de la confianza. En esta conversación, Juan Carlos Prieto explica por qué, desde Mad Men hasta la videollamada.
Por qué hablar de la ropa en los negocios
Este tema lo propuso uno de nuestros lectores, que además es un gran amigo, Rafa. Nos escribió que le encantaría leer sobre la relación entre la forma de ser y la forma de hacer negocios. Recordaba que mi papá siempre andaba de corbata y que esa elegancia era también una manera de mostrarle respeto a quien tenía enfrente.
Para él, el punto de partida es la historia. "Antes era más claro cómo debías presentarte. Era más estándar." Su referencia favorita es Mad Men (gran serie): los años 60, el traje completo, la camisa blanca y la corbata de contraste, en grises y azules. Y no era solo cosa de ejecutivos. "El portero del edificio, el ascensorista, el mensajero: todos usaban vestido."

Luego llegó el blazer, la prenda que él considera la más versátil del guardarropa masculino: "Va con todo. Para viajar, para una reunión, con paño, con un jean, con lino". En los años 80 se impuso un nuevo uniforme del hombre de negocios: blazer azul marino, camisa azul claro y pantalón gris.
El blazer: la prenda que va con todo



El quiebre, en su experiencia, vino de la tecnología. "Uno de los principales inspiradores de esa onda más relajada fue Steve Jobs." Jean y suéter oscuro, siempre lo mismo, para no perder tiempo pensando qué ponerse. Detrás vinieron las empresas de software de California, que flexibilizaron el código para atraer talento.
Primero cayó la corbata. Hoy, en una misma reunión, conviven el traje, la chaqueta sin corbata y la camiseta.
Todo es un ciclo
Lo que más me sorprendió es que mi papá no ve este cambio como el final de la elegancia. Lo ve como una vuelta más de la rueda.
"Como todo en el mundo son ciclos, estamos llegando a un mundo tan relajado que ya hay una ola nueva", me dijo. Ha visto a jóvenes que estudian en universidades de Europa o Estados Unidos volver a la chaqueta de buen paño, e incluso al corbatín para ciertos eventos.
"Lo que para mi generación era común, para ellos es novedoso." Cree que en pocos años veremos a una generación nueva rescatando las formas de vestir para el trabajo y los encuentros sociales que la suya daba por sentadas.
Vestirse bien es una forma de respeto
Que las reglas sean más flexibles no significa que dé igual cómo llegues. Para mi papá, vestirse bien no es una cuestión de corbata. Es un mensaje para la otra persona.
"Ir de una manera adecuada a una reunión es una muy buena impresión inicial para generar empatía. Que la otra persona sienta que para uno es importante, porque se esmeró en ser puntual y en ir con una presentación adecuada."
Le conté algo que he notado trabajando en remoto. Uno pensaría que en una videollamada no hace falta arreglarse. Pero cuando él aparece en cámara impecable, aunque yo no lo piense de forma consciente, la conversación cambia de tono. Es como si le diera otro rol.
Él estuvo de acuerdo y fue más allá: en pantalla también cuenta lo que hay detrás. "Me encanta la gente que hace sus llamadas desde un estudio con una biblioteca, una obra de arte bonita o una ventana con árboles. Eso hace parte de lo que transmites de quién eres." Y si en una llamada de varias personas alguien está bien arreglado, "resalta positivamente".
Para explicarlo usó el ejemplo de los noticieros. Los presentadores siempre salen impecables, porque la confianza empieza por la imagen. "Imagínate que salga alguien en camiseta y sin asearse diciendo la misma noticia. No creo que te la crean."


La marca no se exhibe
Aquí le hice una pregunta que me venía rondando. Nunca he sido de bolsos de marca, pero empiezo a entender que lo que llevas a una reunión es también lenguaje no verbal. Su respuesta fue el matiz que me faltaba:
"Entre más elegante eres, menos exhibes la marca. Pero el que conoce detecta que tienes algo de buena calidad."

La gente con mucho dinero, la de verdad, no lo anda mostrando. Todo se centra en la calidad: las camisas de vestir de Brooks Brothers que no llevan ningún logo y aun así el que sabe las reconoce, un buen anillo, un traje hecho por un sastre. Lo contrario también comunica: "Un bolso muy gastado, pelado, así sea de buena marca, transmite descuido".
Y lo más importante: para vestirte bien no necesitas ropa fina. Le conté que a veces me preguntan si mi ropa es de diseñador cuando es de marcas colombianas pequeñas.
"Seguramente son de diseñador, solo que no famoso", me respondió riendo. Lo que cuenta es que te siente bien, que sea de buen algodón o buen paño, y que esté cuidada.
Para ilustrarlo me habló de una entrevista que encontró en internet al famoso diseñador Ralph Lauren. En esta, el diseñador contaba que pasó su carrera buscando una elegancia propiamente americana, en un país convencido de que la clase solo podía venir de Europa.
Entre las personas que más lo inspiraron, la primera fue Steve McQueen: jean, chaqueta de cuero gastada y unas gafas sin marca, pero bien cuidadas. "Llegaba y uno decía: aquí está Steve McQueen. No era la ropa, era él. La ropa era el complemento."


Casual no es descuido
Creo que muchas veces confundimos practicidad y comodidad con dejadez, y hasta las presentamos como si fueran una forma más inteligente de vivir.
Pero puedes ir casual sin dejar de estar cuidado. Me acordé de The Intern, la película en la que el personaje de Robert De Niro le dice a un compañero joven que puede venir casual, pero que se meta la camisa.
Mi papá lo ve en sus reuniones con gente más joven: "Se esmeran en llevar una muy buena camiseta que les siente bien, que el tono juegue con el jean o con el pantalón de dril. A veces una chaqueta ligera. Se ve un gusto estético". Lo informal también tiene sus códigos.
Incluso Steve Jobs, que con su uniforme pareció decirle adiós a la elegancia, tenía un estilo. "Era muy básico, pero se veía bien. Tenía gusto para eso." La diferencia no está entre formal e informal. Está entre elegir lo que te pones y no pensarlo.

Las formas también se escriben
La conversación nos llevó, casi sin darnos cuenta, de la ropa a los mensajes que la tecnología ha facilitado y ha vuelto comunes para intercambiar ideas. Para mi papá es lo mismo: el cuidado con el que te presentas, como el cuidado en el que elaboras una nota que escribes.
"Hay cosas muy básicas que las personas, por el afán del día a día, no percibe como una falta de respeto cuando envían sus mensajes."
Estos son sus consejos:
Saluda antes de pedir. "No sabes cómo los 10 segundos que te toma saludar cambian la percepción de un texto." Un "buenos días, ¿cómo estás?" antes del "mándame tal cosa" lo vuelve más cálido y más respetuoso.
Escoge bien el canal. Si es un asunto muy importante personal o de trabajo, revisa si es mejor hacerlo personalmente, que vía Whatsapp.
Respeta el horario. Que tu mensaje llegue a una hora razonable dice tanto como el contenido.
Cuida el tono escrito. No escribas con mayúsculas: en un chat se leen como gritos. Así como la ortografía.
Respira y relee antes de enviar. "Si respiras un poquito y lo lees antes de enviarlo, seguramente lo puedes mejorar para ser más cordial."
Ahí vi un patrón. Las personas que cuidan su forma de vestir, suelen ser las mismas que cuidan sus correos y sostienen sus límites profesionales. Es gente que le pone atención a lo que hace, por dentro y por fuera.
Al final, confiamos en personas
Todo desemboca en una idea que mi papá repite desde que tengo memoria: seguimos siendo seres humanos.
" Finalmente terminas decidiéndote por hacer negocios con una empresa que tiene un nombre importante o no tan importante, pero si miras bien, tu decisión la tomaste por las personas que te generaron confianza y empatía."
En una venta, en una negociación, en una relación entre empresas, la decisión casi nunca es solo racional. La primera impresión, la puntualidad, la forma de vestir, el saludo de un mensaje: cada detalle le dice al otro si puede confiar en ti. Y eso no aplica solo a los negocios.
Aplica a todo.
Por eso nuestro lector asociaba la corbata de mi papá con su manera de hacer negocios. No era la corbata. Era lo que decía: me preparé para este encuentro porque tú me importas.
¿Qué has aprendido tú sobre vestirte para los negocios? Escríbenos. Tu historia puede ser la próxima entrada de esta bitácora.



Comentarios